En su columna «Confidencias del domingo», Abou Waïl Al-Rifi aborda esta vez la hipocresía sistemática y la flagrante ocultación de información que practican la prensa francesa y ciertas organizaciones internacionales de derechos humanos cada vez que se trata de programas espía y del caso Pegasus. Según este analista, los hechos ponen al descubierto el flagrante doble rasero de estos medios, que reiteran acusaciones prefabricadas contra Marruecos mientras cierran deliberadamente los ojos ante los escándalos de París en este sensible ámbito tecnológico.
El artículo subraya que organizaciones y medios como Amnistía Internacional y Forbidden Stories llevan más de cinco años reciclando acusaciones gastadas contra el aparato de seguridad marroquí, atribuyendo sus alegaciones a fuentes anónimas o encubiertas tras seudónimos, sin presentar ninguna prueba material convincente o validada por expertos técnicos independientes.
Marruecos, prosigue el autor, sostiene de forma constante que no posee ninguno de los programas mencionados, que nunca ha intentado adquirirlos y que no se ha aportado ninguna prueba de su utilización. Una posición respaldada, según el analista, por las declaraciones de empresas especializadas como Memento Labs, que negó la existencia de contratos vigentes con entidades marroquíes. Al mismo tiempo, estos medios habrían evitado repetidamente responder por sus acusaciones ante la justicia e ignorado los informes oficiales europeos que exoneraron expresamente al Reino.
Por el contrario, Abou Waïl Al-Rifi señala el silencio absoluto y sospechoso de los medios franceses, en particular France 24 y la Agencia France-Presse, ante el reconocimiento por parte de su propio país de que posee y desarrolla programas maliciosos.
Según el artículo, Francia habría desarrollado el programa espía Predator mediante una alianza con Intellexa, gracias a la financiación directa del Ministerio francés de Finanzas cuando Bruno Le Maire estaba al frente de este. Esta prensa también habría cerrado los ojos ante las investigaciones documentadas publicadas por el medio Disclose y la revista Der Spiegel. Estas habrían revelado que el servicio francés de inteligencia interior obtuvo una autorización presidencial secreta durante el mandato de François Hollande, renovada bajo Emmanuel Macron, para desarrollar, a través de Nexa Technologies, un temible programa espía denominado «Tuscan», presentado como más peligroso que Pegasus.
El autor también menciona un intento realizado en secreto en 2021 por la Dirección General de Seguridad Interior francesa para adquirir Pegasus, mediante una operación valorada entre 60 y 80 millones de euros. Según la columna dominical, la operación solo se habría detenido por orden de Macron, ante el temor a las consecuencias y los riesgos políticos y jurídicos derivados de que se revelara el espionaje a responsables políticos y periodistas.
A ello se suma la implicación de conocidas empresas francesas, como Amesys y Nexa, en la exportación de sistemas de vigilancia masiva e intrusión informática a Estados de Oriente Medio y el norte de África, así como las trabas a los procedimientos judiciales y el muro de silencio mediático que rodea estos casos.
Abou Waïl concluye que esta ocultación deliberada y este ensañamiento selectivo reflejan la persistencia de una mentalidad colonial que se permite adquirir y desarrollar armas de espionaje y vulnerar la privacidad de las personas, mientras instrumentaliza la defensa de los derechos humanos para presionar a Marruecos y ajustar cuentas mezquinas con él.
Una actitud que ignora, según el autor, que fue la competencia del personal de los servicios marroquíes la que permitió frustrar planes terroristas y proteger la estabilidad de países europeos, sin recurrir a este tipo de programas.