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LIBIA: MARRUECOS, LA FUERZA SERENA DE UNA DIPLOMACIA AL SERVICIO DE LA ESTABILIDAD

La reunión internacional celebrada en Bengasi el 22 de octubre, copresidida por Yassine Mansouri, director general del servicio de inteligencia exterior de Marruecos (DGED), pone de manifiesto una de las principales fortalezas de la diplomacia marroquí: su capacidad para combinar el diálogo político, la inteligencia estratégica y la cooperación en materia de seguridad al servicio de una estabilidad duradera.

El encuentro, que reunió a 43 delegaciones para abordar los desafíos del terrorismo y la delincuencia organizada, refleja el compromiso histórico de Marruecos con la estabilidad, la soberanía y la unidad nacional de Libia.

Desde el Acuerdo de Sjirat de 2015 hasta los diálogos de Buznika, Marruecos ha sabido ofrecer un espacio de confianza, propiciar acercamientos políticos y mantener abiertos los canales de comunicación entre actores profundamente divididos. Esta diplomacia paciente, discreta y perseverante fundamenta su credibilidad en un principio esencial: el respeto a la soberanía libia y la convicción de que las soluciones duraderas deben surgir de los propios libios.

La presencia de Yassine Mansouri en Bengasi representa una prolongación estratégica de este enfoque. La estabilización de un país tan decisivo como Libia requiere mucho más que iniciativas diplomáticas. Exige un conocimiento profundo de los equilibrios de poder, capacidad para anticipar las amenazas emergentes y una cooperación eficaz en materia de seguridad.

Lo que está en juego trasciende ampliamente las fronteras libias. Una Libia unida, soberana y estable constituye un elemento indispensable para la seguridad y el equilibrio estratégico del norte de África, el Sahel y el conjunto de la región mediterránea.

Es en esta visión más amplia donde la acción de Marruecos adquiere todo su significado: contribuir a la seguridad y estabilidad de su entorno regional, acompañando al mismo tiempo al pueblo libio en la reconstrucción de su unidad política e institucional.

De Sjirat a Buznika y, ahora, a Bengasi, Marruecos ha mantenido una línea estratégica coherente: convertir la confianza en influencia diplomática, la cooperación en un pilar de estabilidad y el respeto a la soberanía libia en el fundamento de cualquier solución duradera.

Esta es la fuerza serena de la diplomacia marroquí: en una región demasiado marcada por los enfrentamientos y las ambiciones contrapuestas, Marruecos sigue apostando por el diálogo, la constancia y la construcción paciente de la paz.

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