El nombramiento de Fatima Ezzahra El Mansouri al frente del Gobierno constituye un momento histórico para Marruecos. Por primera vez, una mujer ha sido llamada a dirigir el Ejecutivo del Reino.
Pero la trascendencia de este nombramiento va mucho más allá de su dimensión simbólica. Consagra una evolución iniciada hace más de un cuarto de siglo y pone de manifiesto, una vez más, la capacidad de Marruecos para avanzar respetando sus instituciones y preservando los equilibrios sobre los que se asienta su estabilidad.
Al ejercer sus prerrogativas en el estricto respeto de la Constitución, Su Majestad el Rey Mohammed VI confiere a este nombramiento toda su fuerza institucional. Confirma, asimismo, una constante de su reinado: hacer avanzar al Reino con determinación, sin romper con los fundamentos de su estabilidad.
Desde su acceso al Trono, Marruecos ha experimentado una profunda transformación. La consolidación del Estado de derecho y de una cultura de los derechos humanos, la reforma de la Mudawana, la creciente presencia de las mujeres en la vida pública, económica e institucional, así como la atención concedida a la juventud, han ido transformando progresivamente la sociedad marroquí.
En estas cuestiones fundamentales, el Rey Mohammed VI ha sido a la vez precursor y garante de los equilibrios. En numerosas ocasiones ha sabido anticipar la evolución de la sociedad marroquí, abriendo caminos que, con el paso del tiempo, han contribuido a configurar el Marruecos de hoy.
El lugar de la mujer constituye una de las expresiones más claras de esta transformación. Lo que ayer era objeto de debate se ha convertido progresivamente en una realidad social e institucional, hasta alcanzar la más alta responsabilidad del Ejecutivo.
El nombramiento de Fatima Ezzahra El Mansouri se inscribe con naturalidad en esta evolución. Asume esta responsabilidad respaldada por una trayectoria que la ha preparado para ejercerla: jurista y abogada de formación, representante electa, ministra, alcaldesa de Marrakech y dirigente política. Conoce el terreno, la administración del Estado y las exigencias de la responsabilidad pública. Su apertura y su cercanía a los ciudadanos constituyen también valiosos activos para la misión que ahora asume.
Se abre ahora el tiempo de la acción.
La responsabilidad es inmensa. Marruecos entra en una etapa decisiva de su trayectoria. Debe proseguir su transformación económica y social, responder a las aspiraciones de una juventud mejor formada y más exigente, reducir las desigualdades, reforzar la eficacia de la acción pública y llevar adelante los grandes proyectos emprendidos por el Reino.
Al mismo tiempo, Marruecos deberá consolidar sus opciones estratégicas y su proyección internacional: la de un país estable y ambicioso, fiel a sus principios fundamentales y plenamente abierto al mundo.
Será a la luz de estas exigencias como habrá de valorarse la acción de la nueva Jefa del Gobierno.
Esta nueva etapa se inscribe así en la continuidad de un Marruecos que avanza con confianza, fiel a sus equilibrios y resueltamente orientado hacia el futuro.
A Fatima Ezzahra El Mansouri le corresponden ahora el honor y la responsabilidad de hacer realidad esta ambición.
L’Observateur le desea el mayor de los éxitos.