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𝐑𝐞𝐯𝐞𝐥𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐝𝐨𝐦𝐢𝐧𝐠𝐨:
𝐁𝐨𝐮𝐲𝐚 𝐎𝐦𝐚𝐫 𝐚𝐛𝐫𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐮𝐜𝐮𝐫𝐬𝐚𝐥 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐜𝐚𝐭𝐨́𝐥𝐢𝐜𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐩𝐥𝐞𝐧𝐨 𝐜𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐌𝐚𝐝𝐫𝐢𝐝;
𝐄𝐬𝐩𝐚𝐧̃𝐚 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚 𝐞𝐧 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐜𝐞 𝐦𝐢́𝐬𝐭𝐢𝐜𝐨 𝐲 𝐚𝐥𝐜𝐚𝐧𝐳𝐚 𝐞𝐥 𝐞́𝐱𝐭𝐚𝐬𝐢𝐬 𝐚𝐥 𝐫𝐢𝐭𝐦𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐟𝐥𝐚𝐦𝐞𝐧𝐜𝐨;
𝐋𝐚 𝐃𝐞𝐦𝐨𝐜𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐍𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 𝐞𝐬𝐩𝐚𝐧̃𝐨𝐥𝐚 𝐩𝐚𝐠𝐚𝐫𝐚́ 𝐜𝐚𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐝𝐢𝐫𝐢𝐠𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐡𝐚𝐲𝐚𝐧 𝐝𝐞𝐬𝐠𝐚𝐫𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐛𝐚𝐧𝐝𝐞𝐫𝐚 𝐦𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢́

Este domingo, L’Observateur du Maroc et d’Afrique vuelve a publicar la contundente columna semanal de Abu Wael Al-Rifi, que aporta claves esenciales para comprender la situación en España en torno a la cuestión de Ceuta. Combinando un análisis riguroso con una perspectiva clara y firme, el artículo refleja el compromiso inquebrantable de su autor con la defensa de la soberanía de Marruecos.

Revelaciones del domingo:

Bouya Omar abre una sucursal para católicos en pleno corazón de Madrid;

España entra en trance místico y alcanza el éxtasis al ritmo del flamenco;

La Democracia Nacional española pagará caro que sus dirigentes hayan desgarrado la bandera marroquí

Por Abu Wael Al-Rifi

El estado de los españoles se ha vuelto lamentable. Los acontecimientos se precipitan allí a tal velocidad que resulta cada vez más evidente que ninguna de las partes en España es ya capaz de controlarlos ni de seguir su ritmo. La fragmentación y la confrontación han ido mucho más allá de meras diferencias de opinión o de la competencia por las próximas elecciones. Han llegado hasta el punto de poner en entredicho la credibilidad de las instituciones del Estado.

Los instrumentos de soberanía de España se han convertido en organizaciones de masas indisciplinadas, completamente fuera del control del Estado central. Si esta dinámica continúa, España corre el riesgo de perder relevancia entre sus socios europeos, pues proyecta la imagen de un país cuyas instituciones están en guerra unas con otras, desprecian sus alianzas y sus compromisos, y pueden arrastrar a sus socios hacia lo desconocido.

Esta semana nos hemos encontrado ante un Estado con varias cabezas enfrentadas: el Gobierno central; los gobiernos locales, en particular el de Ceuta; el Ministerio del Interior; partidos políticos de todo el espectro empeñados en fabricar un conflicto imaginario con Marruecos; y diversos servicios de inteligencia, cada uno de los cuales opera en una órbita distinta de los demás. Ni siquiera el Rey se ha librado de los intentos de involucrarlo en asuntos que no le corresponden, dado que reina, pero no gobierna.

Cada una de estas instituciones interpreta una melodía que contradice a las demás. El resultado es una sinfonía española nociva y discordante, que pone al descubierto la fragilidad de las instituciones del país y convierte al Estado entero en un espectáculo ante los ojos del mundo. La situación se ha visto agravada, además, por unos medios de comunicación partidistas que han dejado de actuar conforme a las normas profesionales.

En el centro de todos estos acontecimientos se encuentra Marruecos, al que algunas partes intentan responsabilizar para ocultar sus propios fracasos, deficiencias e impotencia; para avivar las tensiones como medio de eliminar a sus adversarios políticos; o para utilizarlo como instrumento de movilización populista en un contexto marcado por el auge de la extrema derecha.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, continúa insistiendo en que no existe prueba alguna de una posible implicación marroquí en el asalto a Ceuta de finales de julio. Se mostró tajante al respecto en su entrevista con la Cadena SER. Esta misma posición fue confirmada por Elma Saiz, portavoz del Gobierno español y ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, durante una rueda de prensa posterior a una reunión del Consejo de Ministros.

Sánchez reiteró esa misma posición ante el Parlamento, durante una sesión tormentosa en la que pareció cada vez más sometido a las presiones tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda. Estas lo empujaron hacia un discurso extraño e híbrido, no exento de connotaciones coloniales que nadie habría imaginado en boca de un militante de izquierdas, ya fuera en un intento por adaptarse a las presiones ejercidas sobre él o por temor a que la popularidad de su partido disminuyera ante la movilización orquestada por sus adversarios e incluso por algunos de sus aliados.

Sánchez afirmó que su Gobierno había convocado a la embajadora de Marruecos en España. En realidad, la embajadora marroquí se encontraba fuera de España en la fecha en que el presidente del Gobierno español aseguró que había sido convocada. Por otra parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores carece de competencias para abrir una investigación sobre unos hechos ocurridos en territorio marroquí, puesto que esa responsabilidad corresponde exclusivamente al Ministerio del Interior y a las autoridades de seguridad competentes.

A lo largo de sus declaraciones públicas de esta semana, quedó claro que el presidente del Gobierno se apoyaba en informes de los servicios de inteligencia españoles y europeos que exoneraban a Marruecos y que, según él, atribuían la responsabilidad a Rusia, Israel y grupos de extrema derecha. Justificó estas acusaciones aludiendo a las valientes posiciones de España respecto al genocidio en Gaza y a la ocupación de Ucrania por Putin.

El Gobierno español adoptó la misma postura al afirmar que disponía de pruebas de que foros digitales en Israel y Rusia habían contribuido a incitar el flujo de migrantes irregulares hacia Ceuta, con el objetivo de implicar a la Unión Europea y socavar su unidad.

Desde el comienzo del asalto a Ceuta, Sánchez ha afirmado en repetidas ocasiones que ninguna información procedente del Centro Nacional de Inteligencia, de las fuerzas de seguridad o de los servicios de países socios demuestra la implicación de las autoridades marroquíes. Sin embargo, durante todo este período, su Gobierno ha estado jugando a dos bandas.

Por una parte, mantiene oficialmente la cooperación con Marruecos, se niega a responsabilizar al país de los acontecimientos y subraya el papel de Marruecos en el control de la migración. Por otra, desde hace semanas se suceden informes atribuidos a fuentes policiales, militares o de inteligencia que presentan interpretaciones mucho más hostiles y recurren a expresiones como «guerra híbrida», «espionaje», «operaciones en la zona gris», «presiones sobre militares españoles» y «participación directa de las fuerzas de seguridad marroquíes».

Considerados en su conjunto, estos elementos apuntan a una maniobra deliberada contra Marruecos. Su efecto combinado es generar una percepción negativa de Marruecos entre la opinión pública española, al tiempo que permite al Gobierno preservar oficialmente la asociación bilateral.

Esto se hizo claramente visible en la deriva interna de España, cuando miles de personas salieron a las calles, en una evolución profundamente negativa cuyas consecuencias para la futura cooperación entre ambos países y sus pueblos los españoles no han sabido valorar.

La escalada llegó hasta el punto de que el activista de extrema derecha Pedro Chaparro, dirigente de Democracia Nacional, y su adjunto, Gonzalo Martín, desgarraron públicamente la bandera marroquí. Este incidente no quedará sin consecuencias. Con su acto temerario atacaron a los marroquíes de todo el mundo, agrediendo aquello que consideran más preciado: su bandera nacional, símbolo de la soberanía, la unidad y la independencia de Marruecos.

A los dirigentes de Democracia Nacional les decimos: no se sorprendan si mañana Marruecos anuncia el nacimiento de un Movimiento Democrático Nacional para la Liberación de los Territorios Marroquíes bajo ocupación española y si, para liberarlos, recurre a los mismos métodos que España utilizó en su día para ocuparlos.

El profundo desacuerdo y las divergencias entre Sánchez y el Rey han dejado de quedar ocultos tras estos acontecimientos. Según fuentes oficiales, Sánchez y el rey Felipe VI mantuvieron una conversación de tres horas y media en el Palacio de la Zarzuela, en Madrid.

La reunión, celebrada a puerta cerrada y sin anuncio previo, fue excepcional por su duración. Tuvo lugar, además, en plena crisis migratoria en Ceuta y, más concretamente, después de unas declaraciones en las que Sánchez criticó al Rey por no haber visitado Ceuta desde su acceso al trono hace más de diez años. Felipe VI se convirtió en rey en 2014.

Resulta evidente, por tanto, que una bola de fuego arde en el interior de España y que determinadas partes intentan utilizar Ceuta como medio para resolver sus disputas internas y ajustar cuentas entre ellas.

Las divisiones y los desacuerdos también han surgido dentro de la propia coalición gubernamental de Sánchez. Según The Objective, la Presidencia del Gobierno trata de determinar si los servicios de inteligencia dependientes de la ministra de Defensa, Margarita Robles, ocultaron —o deliberadamente no remitieron al Ministerio del Interior— importantes informes escritos sobre el riesgo de una llegada masiva de migrantes a Ceuta antes del 30 de julio.

En este contexto, el periódico alude a una investigación interna dirigida por la Presidencia del Gobierno. La investigación parece inclinarse por respaldar la versión del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Más concretamente, la Moncloa intenta establecer si existían informes escritos que advertían del riesgo de una oleada de entradas de migrantes en Ceuta coincidiendo con la Fiesta del Trono de Marruecos y si dichos informes no fueron transmitidos al Ministerio del Interior.

The Objective considera que esta investigación se desarrolla en un contexto de graves tensiones entre Grande-Marlaska y Margarita Robles. El medio señala que los desacuerdos entre ambos, surgidos poco después de su incorporación al Gobierno en 2018, han alcanzado ahora un nivel sin precedentes.

En este contexto, es necesario comprender la polémica en torno al supuesto informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF). Dicho informe habría responsabilizado a Marruecos, al afirmar que sus fuerzas y servicios de seguridad planificaron y ejecutaron la entrada de 72.000 migrantes en Ceuta los días 30 y 31 de julio.

Estas serían, según se informó, las conclusiones de un documento remitido a la jueza María Tardón, de la Audiencia Nacional, y que también obraba en poder de la Fiscalía. El Español contribuyó a dar difusión al documento, sosteniendo que sus conclusiones debilitaban la estrategia de apaciguamiento hacia Marruecos del Gobierno de Sánchez y proporcionaban una base sólida para que la Audiencia Nacional investigara los acontecimientos.

En un giro que ilustra tanto la fragilidad institucional del Estado español como las contradicciones entre sus distintas versiones, el director general de la Policía, Francisco Pardo, comunicó al ministro del Interior que no existía ningún informe policial que atribuyera a las fuerzas de seguridad marroquíes la planificación o la ejecución de los acontecimientos de Ceuta.

El Ministerio del Interior hizo pública la respuesta de Pardo a Grande-Marlaska apenas unas horas después de que el ministro le enviara una carta solicitando aclaraciones sobre el contenido de ese «supuesto» informe policial, presuntamente elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras, organismo dependiente de la División de Inmigración y Fronteras de la Dirección General de la Policía.

El máximo responsable político de la Policía informó al ministro de que la jueza María Tardón —quien había solicitado un informe policial para decidir si la Audiencia Nacional debía abrir una investigación sobre los acontecimientos— había ordenado a los investigadores que no proporcionaran a sus superiores ninguna información relativa al informe. Por ese motivo, él no había tenido conocimiento de su existencia.

El miércoles, después de que la jueza autorizara a los investigadores a informar a sus superiores, Pardo se reunió con los directores generales responsables de Inteligencia y de Inmigración y Fronteras. Tras escuchar sus explicaciones, comunicó a Grande-Marlaska que no existía ningún informe que atribuyera a las fuerzas de seguridad marroquíes la responsabilidad de haber «planificado o ejecutado» la entrada de aproximadamente 80.000 personas en Ceuta durante los dos últimos días de julio.

En cuanto a la alerta emitida por el CENIF a los puestos fronterizos el 29 de julio, en la que se advertía de un riesgo «grave» de flujos migratorios irregulares, el director general explicó que se trataba de una alerta «recurrente» y que no contenía indicación alguna de que pudiera producirse una entrada masiva al día siguiente.

Fuentes del Ministerio del Interior explicaron que, a petición de Francisco Pardo, Javier Antonio Susín, director general de Inteligencia de la Policía, informó al director adjunto operativo, José Luis Santafé, de que «no se había emitido ningún informe que atribuyera la responsabilidad de la incursión a ningún Gobierno, servicio o persona, dado que el principal organizador de dicha incursión continúa siendo desconocido a día de hoy».

Por su parte, Julián Ávila, director general de la Policía responsable de Inmigración y Fronteras, informó al director adjunto operativo de que «esta dirección no había emitido ningún informe previo, con excepción del informe elaborado por el CENIF el 29 de julio y de otros informes de evaluación de riesgos producidos posteriormente».

Tras examinar ambas comunicaciones, el director adjunto operativo de la Policía informó a Francisco Pardo de que los informes «no permiten determinar la implicación de ningún Gobierno, servicio, organismo o individuo, dado que, por el momento, continúa siendo desconocido el principal organizador de la operación de entrada masiva que tuvo lugar los días 30 y 31 de julio».

Lo publicado por OKDIARIO sobre la nota informativa «TIFA-3136», emitida por el CENIF y fechada el 29 de julio, constituye igualmente un elemento importante para comprender los acontecimientos de Ceuta. Obliga a distinguir entre dos documentos de naturaleza radicalmente distinta, pese a que ambos se atribuyen al mismo organismo.

El primero es una nota de alerta previa, parte de cuyo contenido se ha hecho público. Esta demuestra que los servicios españoles habían identificado un riesgo la víspera de los acontecimientos, basándose en informaciones que indicaban que al día siguiente se esperaban entradas irregulares en Ceuta y Melilla. La información procedía de fuentes abiertas y de las redes sociales.

Esta nota previa no contenía ninguna acusación contra Marruecos. Su evaluación se basaba, por el contrario, en informaciones difundidas a través de las redes sociales, en las posibles consecuencias de una sentencia del Tribunal Supremo y en anteriores incidentes relacionados con la migración.

El segundo documento es un informe analítico posterior, mencionado por El Español, pero que hasta el momento no se ha hecho público. En él se atribuye directamente a las fuerzas de seguridad marroquíes la «planificación y dirección de la operación de afluencia».

El informe citado por El Español es de una naturaleza radicalmente distinta. Fue elaborado después de los acontecimientos y, según el periódico, remitido a la Audiencia Nacional. El documento concluye que existió una «operación planificada» destinada a desbordar el sistema español de control fronterizo y atribuye a las fuerzas de seguridad marroquíes un papel directo en su ejecución.

Me he extendido en estos detalles porque ofrecen la ilustración más clara posible de la confusión que reina entre las autoridades españolas, de la ligereza con la que abordaron lo ocurrido a finales de julio y de su incapacidad para comprender que jugar con fuego podría tener consecuencias catastróficas dentro de la propia España.

La segunda conclusión —y la más importante— es que España no fue sorprendida por lo sucedido a finales de julio. Su organismo competente había identificado un riesgo concreto un día antes y había previsto explícitamente una operación coordinada de cruce fronterizo con un nivel de riesgo «máximo».

Por tanto, fueran cuales fueran las causas de los movimientos del 30 de julio, el desbordamiento de la frontera no puede desvincularse de la incapacidad de España para responder adecuadamente a una alerta previa.

Este punto reviste especial importancia porque las autoridades españolas presentan ahora versiones contradictorias sobre la forma en que se transmitió aquella alerta. Las disfunciones internas de España quedan así al descubierto. Mientras el informe citado por El Español intenta explicar el colapso del sistema fronterizo como consecuencia de una supuesta operación marroquí planificada, la nota que ahora está disponible demuestra que la amenaza había sido identificada de antemano, pero que, como resulta evidente, no recibió una respuesta preventiva adecuada.

Durante su intervención en la emisora española Onda Cero, el venenoso Cembrero continuó difundiendo su odio y sus falsedades sobre Marruecos. Afirmó que la afluencia masiva hacia Ceuta fue el resultado de una operación coordinada y de la complicidad activa de las fuerzas de seguridad marroquíes, basándose en el mismo informe cuyas deficiencias ya hemos explicado.

Como de costumbre, intentó dar credibilidad a sus acusaciones carentes de fundamento añadiendo el aderezo habitual de supuestas «investigaciones» y «fuentes marroquíes». Descartó la posibilidad de que la Gendarmería Real se hubiera limitado a adoptar una actitud pasiva y sugirió, en cambio, la existencia de una «acción conjunta de la Policía marroquí y los servicios de inteligencia interior».

Esta fue su puerta de entrada para atacar a Abdellatif Hammouchi y al aparato de seguridad marroquí, y para afirmar que toda la operación se había llevado a cabo con la aprobación de las autoridades reales.

Olvida, sin embargo, que Hammouchi es responsable de la gestión de un paso fronterizo terrestre por el que no entró ni un solo migrante irregular. El resto de las fronteras terrestres y marítimas de Marruecos se encuentra bajo la responsabilidad de otras fuerzas públicas, equipadas con armamento pesado y buques militares.

La obsesión del venenoso personaje con Hammouchi es bien conocida. Su intensa actividad durante los últimos días no es sino un intento de desviar la atención de sus benefactores, que temen las consecuencias de cualquier investigación imparcial sobre todas las circunstancias que rodearon el incidente.

Esa obsesión lo ha llevado una vez más a centrarse en lo que describe como una «contradicción política». Sostiene que «aunque Abdellatif Hammouchi estuvo implicado en el escándalo del programa espía Pegasus, fue condecorado, pese a todo, el año anterior por el ministro español del Interior, Grande-Marlaska».

Esta es una ocasión propicia para recordar a todos lo que Abu Wael escribió hace algún tiempo: Hammouchi y todos aquellos que han recibido semejantes condecoraciones estarían perfectamente dispuestos a devolver todas y cada una de esas medallas y baratijas que algunos de ustedes imaginan que podrían añadir algo a su categoría profesional o a su dimensión simbólica.

El reconocimiento, el prestigio y la distinción que merecen Hammouchi y su equipo proceden de la satisfacción real, del reconocimiento popular, de la consideración institucional de la que gozan en Marruecos y de las reiteradas muestras de reconocimiento que han recibido de los principales servicios de inteligencia del mundo.

Hammouchi está demasiado ocupado con asuntos de verdadera importancia como para preocuparse por semejantes trivialidades. Su prioridad es ampliar las alianzas y reforzar la cooperación de Marruecos en materia de seguridad con las grandes potencias mundiales.

Esta semana, esa labor incluyó la recepción de Nakata Masahiro, embajador extraordinario y plenipotenciario de Japón en Rabat. La reunión se celebró en el marco de la voluntad compartida de Marruecos y Japón de reforzar su cooperación en materia de seguridad y diversificar las modalidades y los niveles de su asociación en este ámbito, de manera que contribuya a la seguridad y la estabilidad de ambos países. Asimismo, brindó la oportunidad de examinar los medios para desarrollar y fortalecer la cooperación y la asociación entre ambos países en todos los ámbitos relacionados con la seguridad.

En la vida cotidiana de Hammouchi no hay lugar para otra cosa que no sea el trabajo.

𝐍𝐨𝐭𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐞𝐝𝐢𝐭𝐨𝐫:

Bouya Omar fue un conocido santuario de Marruecos al que tradicionalmente se llevaba a personas que padecían trastornos mentales graves con la esperanza de que recibieran una curación espiritual. La referencia a Bouya Omar «abriendo una sucursal para católicos en pleno corazón de Madrid» es una expresión satírica, propia del contexto cultural marroquí, que el autor utiliza como metáfora. Esta nota se incluye únicamente para aclarar la referencia a aquellos lectores que no estén familiarizados con su contexto cultural marroquí.

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