Tras el éxito organizativo de la CAN 2025, Marruecos afronta la Copa del Mundo 2030 con la ambición de un acontecimiento planetario histórico. Ante los responsables económicos marroquíes, españoles y portugueses reunidos en Salé, Fouzi Lekjaa esbozó los contornos de un Mundial centenario inédito, impulsado por una cooperación tripartita y una movilización total del tejido empresarial.
El Complejo Mohammed VI de Fútbol, en Salé, no fue elegido al azar para acoger el Foro Empresarial Marruecos–España–Portugal dedicado al Mundial 2030. Este recinto, que alberga ya una sede permanente de la FIFA, encarna la visión impulsada por Su Majestad el Rey Mohammed VI, basada en el deporte como palanca de desarrollo social, económico y territorial. Una visión global que Fouzi Lekjaa recordó desde la apertura, al inscribir la organización de la Copa del Mundo en una trayectoria iniciada hace más de dos décadas.
El presidente de la FRMF quiso, en primer lugar, saludar el reciente éxito de la CAN 2025, organizada «en condiciones excepcionales». Un logro que atribuye plenamente a las competencias nacionales: «Todo fue concebido, realizado y organizado por empresas marroquíes, gracias a competencias exclusivamente nacionales». Para Fouzi Lekjaa, esta edición continental constituyó una demostración de madurez estructural y una etapa decisiva de cara a la cita mundialista.
Un Mundial intercontinental y centenario inédito
La Copa del Mundo 2030 tendrá un carácter único por múltiples razones. Celebrará el centenario del Mundial y se organizará, por primera vez, en dos continentes —africano y europeo— por tres países unidos por siglos de historia y complementariedad. «Marruecos, España y Portugal comparten un capital civilizatorio, cultural y económico rico, que ofrece todas las garantías de éxito», subrayó Fouzi Lekjaa.
Más allá del símbolo, el reto es organizativo. La competición contará con 104 partidos, disputados en un periodo reducido, bajo una lógica de movilidad inédita. «Una selección podrá jugar en Madrid, luego en Marrakech y después desplazarse a Lisboa», explicó, insistiendo en la necesidad de una total homogeneidad en materia de logística, infraestructuras, transporte y seguridad. Un desafío que exige coordinación permanente y una inteligencia colectiva reforzada.
Para Lekjaa, la empresa está en el corazón de esta ecuación: «cualquiera que sea su tamaño, desde la estructura más pequeña hasta la gran empresa encargada de construir los estadios o gestionar el ticketing y la seguridad, cada una está llamada a implicarse plenamente e inteligentemente». La Copa del Mundo se concibe así como un motor de creación de valor duradero, mucho más allá del evento deportivo.
Cooperación multipartita
Los demás intervinientes coincidieron en esta visión. El presidente de la CGEM, Chakib Alj, llamó a establecer un marco de colaboración operativo entre las empresas de los tres países, con el fin de permitir, en particular, que las pymes se posicionen en las oportunidades que ofrece el Mundial 2030. «Es uniendo nuestras fuerzas y compartiendo nuestros saberes como ganaremos en competitividad y resiliencia», afirmó.
Por parte española, Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, subrayó que el proyecto va mucho más allá de la organización de una competición deportiva. El Mundial 2030 constituye, según él, «una plataforma de integración económica, social y territorial», basada en una visión a largo plazo y en una asociación equilibrada. Las inversiones se orientan prioritariamente hacia las infraestructuras, la movilidad, el turismo, la innovación y las tecnologías, con especial atención a la sostenibilidad.
La misma lectura desde el lado portugués. Nuno Gabriel Cabral, consejero de la Embajada de Portugal, destacó las perspectivas de creación de valor, empleo y asociaciones duraderas, subrayando el potencial estratégico de este proyecto para reforzar la cooperación euroafricana.
Concebida como un proyecto federador, la Copa del Mundo 2030 aspira a acercar a los pueblos, movilizar a la juventud de ambas orillas del Mediterráneo y prolongar sus efectos económicos y humanos mucho más allá del pitido final. Para Fouzi Lekjaa, el rumbo está claro: hacer de este Mundial «la mejor Copa del Mundo de toda la historia».