Escrito por 3:47 pm Editorial

Gracias, Majestad

Hay momentos en la vida de una nación en los que es necesario detenerse—no para contemplarse a sí misma, sino para reconocer. Reconocer lo que ha sido construido con paciencia, visión y firme determinación. Reconocer que detrás de toda gran obra colectiva existe siempre una voluntad clara, una mano firme y un espíritu esclarecido. Que Marruecos haya podido acoger a África en 2025 en torno a una Copa Africana de Naciones a la altura de su historia y de sus ambiciones no es fruto del azar. Este éxito es el resultado de una visión lúcida y deliberada, cuya inspiración primordial merece ser claramente reconocida: la de Su Majestad el Rey Mohammed VI.

Marruecos pertenece a esa rara categoría de naciones cuya trayectoria no puede medirse únicamente por los acontecimientos, sino por la profundidad del vínculo que une al Estado, al pueblo y a la historia. Reino antiguo, ha sabido atravesar los siglos sin perder su esencia, sostenido por una monarquía que ha hecho de la estabilidad su cimiento.

Bajo el reinado de Su Majestad el Rey Mohammed VI, esta monarquía se ha afirmado como un pilar de estabilidad y de transformación, en un mundo marcado por la incertidumbre, las rupturas y las constantes recomposiciones.

Ha sido también bajo el impulso personal del Soberano que Marruecos ha renovado—de manera profunda y sincera—su anclaje africano. No por cálculo circunstancial, ni por una moda pasajera, sino por fidelidad a una identidad plenamente asumida. Desde su acceso al Trono, Su Majestad el Rey Mohammed VI ha tejido, con paciencia y constancia, lazos—casi personales—con la mayoría de los países del continente. Ha recorrido África, escuchado a sus dirigentes, comprendido a sus pueblos y consagrado tiempo—ese bien tan escaso—a construir relaciones fundadas en la confianza, el respeto y la solidaridad.

Esta visión africana nunca ha sido retórica. Se ha traducido en asociaciones concretas, proyectos estructurantes y una palabra libre y segura. Cabe recordar, en particular, el histórico discurso pronunciado en Costa de Marfil, en el que el Soberano exhortó a los africanos a tomar su destino en sus propias manos, a creer en sus capacidades y a construir su prosperidad por sí mismos y para sí mismos. Aquel momento reveló la profundidad de la visión de un monarca africano de corazón, convencido de que África no es ni una carga ni un problema que gestionar, sino una promesa que cumplir.

Es dentro de esta coherencia real, pacientemente construida a lo largo del tiempo, que debe entenderse la organización de la Copa Africana de Naciones 2025 en suelo marroquí. Más que una competición deportiva, el evento se convirtió en un momento de comunión continental. Marruecos, tierra de acogida y de paz, abrió sus puertas a toda África, recordando que el deporte, cuando está guiado por una visión y un alma, se convierte en un lenguaje universal y en un acto político en el sentido más noble del término.

En el corazón de la ceremonia de apertura, una imagen se impuso con sobriedad y fuerza: la del Príncipe Heredero Moulay Al Hassan. A través de su porte natural, su serenidad y su precisión, reflejaba el rigor de una educación exigente, forjada por un padre atento y un estadista de gran envergadura, para quien la mesura y la responsabilidad nunca son nociones abstractas.

En la presencia del Príncipe Heredero Moulay Al Hassan podía leerse, en sutil filigrana, la atención constante que Su Majestad el Rey Mohammed VI ha dedicado a la juventud del Reino.

Fiel a sus raíces, plenamente anclado en África y guiado por la visión clara y constante de un gran Rey, Marruecos continúa su camino con serenidad, equilibrio y confianza—consciente de su historia, soberano en sus decisiones y resueltamente comprometido con el futuro común del continente africano.

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