La inauguración este lunes de la nueva sede del AstraZeneca Global Hub de Barcelona ha sido el último motivo que ha traído a Sharon Barr, vicepresidenta ejecutiva BioPharmaceuticals R&D de AstraZeneca, a nuestro país. Las cifras de este pionero centro dan vértigo: la compañía tiene proyectada una inversión de 1.300 millones de euros en este «hub» hasta 2027, cifra equivalente a la inversión anual en I+D del conjunto de la industria farmacéutica en España.
¿Qué papel juega España en su estrategia investigadora?
Desempeña un papel fundamental en la I+D. Es uno de nuestros cuatro «hubs» globales en los que estamos creciendo e invirtiendo. Forma parte de un ecosistema de innovación único en Europa y da apoyo a actividades en nuestro porfolio, donde estamos impulsando nuevas modalidades como las terapias celulares y génicas, los conjugados de anticuerpo-fármaco, los radioconjugados y las inmunoterapias de nueva generación.
¿Qué impacto tiene el AstraZeneca Global Hub de Barcelona en esa carrera investigadora?
Forma parte de un nuevo modelo de innovación que va más allá de la investigación tradicional, integrando ciencia y tecnología para mejorar los resultados en salud y ampliar el acceso a la innovación.
¿Cuáles son los valores añadidos que aporta España?
Cuenta con numerosas fortalezas, entre ellas su talento excepcional, su sólido modelo de colaboración público-privada, que es tan valioso, y una infraestructura de investigación y sanitaria de alta calidad. Su capacidad para reunir a la academia, las instituciones y el sector privado crea un terreno fértil para la innovación. Esta combinación ha creado uno de los ecosistemas de investigación más dinámicos y sólidos del mundo y refuerza la competitividad y la reputación de España, situándola como un actor clave en la traducción de la ciencia en avances para los pacientes.
¿Qué puntos débiles habría que mejorar en nuestro país?
La competitividad de España podría fortalecerse aún más mediante marcos de acceso más ágiles, predecibles y favorables a la innovación. Reducir el tiempo entre la aprobación europea de un medicamento y su disponibilidad para los pacientes, así como garantizar un acceso equitativo, sigue siendo uno de los grandes retos en Europa para que la innovación llegue a quienes más la necesitan.