Cinco prisioneros políticos, condenados a muerte y acusados de pertenecer a los Muyahidines del Pueblo, acaban de ser trasladados a la prisión de Qezel Hesar tras haber sido brutalmente golpeados. Para el politólogo Hamid Enayat, esta maniobra forma parte de una estrategia de terror destinada a aplastar toda oposición.
Las señales de una represión sangrienta se multiplican en Irán. Desde la prisión de Evine, fuentes confirman el traslado violento de cinco prisioneros políticos a la cárcel de Qezel Hesar después de haber sido golpeados, revela el politólogo iraní Hamid Enayat en un artículo reciente.
Todos los prisioneros trasladados han sido condenados a muerte por su presunta pertenencia a las unidades de resistencia de la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (OMPI). Enayat revela además sus identidades: Vahid Bani Ameri, Pouya Ghobadi, Shahrokh Daneshvarkar, Babak Alipour y Mohammad Taghavi. Según él, este traslado podría ser el preludio de su ejecución.
Serie negra
Este escenario no sería hipotético si se tiene en cuenta el historial iraní: el pasado 27 de julio, otros dos prisioneros políticos, Mehdi Hassani (69 años) y Behrouz Ehsani (48 años), ya fueron ejecutados en la misma prisión bajo la misma acusación.
Enayat sitúa estos hechos en un contexto más amplio: el del llamado juicio de las “104 personas”, cuya 36ª audiencia tuvo lugar el 27 de julio, según la agencia oficial Mizan. La mayoría de los acusados son miembros o simpatizantes de la OMPI.
“Este juicio no tiene nada de un verdadero procedimiento judicial”, denuncia. Según él, se trata de una escenificación orquestada para vincular las recientes derrotas militares y de inteligencia del régimen con un supuesto espionaje a favor de los Muyahidines, creando así un clima de miedo propicio para aplastar toda oposición.
Para el politólogo, esta “mascarada judicial” sirve también de cortina de humo, ocultando la ineficacia de los Guardianes de la Revolución durante el reciente conflicto.
“Detrás se perfila una estrategia clara: aterrorizar a la población para prevenir cualquier levantamiento, neutralizar a las unidades de resistencia activas, frenar la adhesión creciente de los jóvenes a estos grupos y reeditar, bajo acusaciones de ‘moharebeh colectiva’ y de ‘colaboración con el enemigo’, la masacre de 1988”, deplora el analista.
Movilización
Esa masacre, recuerda, costó la vida a unas 30.000 personas, ejecutadas sumariamente por su fidelidad a una oposición democrática. “Una masacre anunciada, a la vista de todos”, alerta Enayat.
La advertencia también resuena en la escena internacional. Stephen J. Rapp, exjefe de fiscalías en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, advirtió en el Washington Post: “Si la trayectoria actual continúa, el número de ejecuciones en Irán en 2025 podría superar todos los récords de la memoria reciente, con la única excepción quizá del horror de 1988.”