Un cable de fibra óptica unirá próximamente a Marruecos con las Islas Canarias, reforzando la conectividad entre África y Europa. Este proyecto estratégico tiene como objetivo asegurar el tráfico de datos y apoyar el desarrollo digital regional.
De aquí a 2028, Marruecos y las Islas Canarias estarán conectados por un cable submarino de fibra óptica, un proyecto estratégico que promete transformar la circulación de datos entre África y Europa. Liderado por la empresa española Islalink, en asociación con Canalink, filial del Cabildo de Tenerife y del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), esta conexión debería comenzar en el puerto de Arinaga (Gran Canaria), pasar por Gran Tarajal (Fuerteventura) y alcanzar las costas marroquíes, probablemente en Boujdour o Tarfaya.
La obra, estimada en 42 meses, representa una inversión de 49 millones de euros, respaldada por un préstamo de 20 millones del Banco Europeo de Inversiones. Los estudios y el diseño ya habían recibido una financiación europea de 7,5 millones de euros.
Este proyecto forma parte del programa europeo CEF-Digital, destinado a reforzar la cohesión digital, mejorar la ciberseguridad y aumentar la capacidad de intercambio de datos entre continentes. El cable utilizará fibras de vidrio ultrafinas, protegidas contra la presión abisal, las corrientes marinas y las interacciones con la fauna submarina, garantizando una transmisión estable y rápida de voces, vídeos, datos financieros y aplicaciones científicas.
Más allá de lo técnico, esta infraestructura busca consolidar el papel de Canarias como polo estratégico de las telecomunicaciones en el Atlántico y apoyar el desarrollo de un ecosistema digital regional. Para Marruecos, complementa los esfuerzos para convertir al Reino en un hub digital africano y atlántico, en el marco de una cooperación bilateral reforzada con España.
Con esta conexión, el tráfico de datos será más resiliente: en caso de avería en otros cables, el flujo podrá redirigirse sin interrumpir a los usuarios. A más largo plazo, el proyecto podría fomentar la implantación de centros de datos e infraestructuras tecnológicas en la región, consolidando el lugar del Atlántico noroccidental en las redes digitales mundiales.